No basta con saberlo

 

No basta con saberlo




Saber estar entre tanta gente renovándose a cada paso; persigo los soles escondidos de los que llevan su fuego interno encendidos y dispuestos, cambio de calles y sin embargo no establecen medidas de riesgos, siempre son más o menos los mismos ecos, destellos que vienen y van, camino despacio sin estremecerme demasiado.

Pueblos escondidos de las penurias se resisten a doblegarse, sus cotidianos días siguen el sendero de los tiempos idos y como siempre resultan nostálgicos del pasado que no regresa, por eso las fiestas patronales y sus místicos trajes con su música, cambiando de colores las calles se visten de alegres adornos. Quizás para rescatar o para no olvidar sus raíces.

Yo aquí testigo mudo y presente de un recuerdo que pide no olvidarme de donde vengo, no me refiero a terrenos vacíos ni fronteras abiertas, son recuerdos que guardo para mi como el tesoro real que es; casi sin tiempo de rebote ni estirar la savia que de ellos brota, siempre recurro a ellos cada mañana, repaso mi existencia que aún sigue indeleble en mi alma, casi nadie escucha su clara esencia y los puestos se suceden sin alteraciones.

Cuando las almas reclaman en su angustia y desean conectar con quien les dio vida, recién entonces se entregan derrotados, mientras no se llega al límite no se preguntan ni se acuerdan de él.

Es así que la vida no se detiene y aún los hombres siguen obstinados en sus asuntos mientras los demás actores siguen figurando como extras de una película, de la cuál cada uno es actor principal.

La realidad desfigurada tras las máscaras es lo que sirve, sirve para esquivar obstáculos, pero no para la verdadera paz.

Mientras camino entre todos, recibo el beso de las buenas noches de mi creador que, aunque yo sea imperfecto me perdona mis errores y me anima a seguir avanzando. JP.

Foto: pexels. Kari Alfonso

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